martes, 9 de agosto de 2016

Portovenere, Italia


Le Sexte Terre





Lá fuoresce il tritone
dai flutti che lambiscono
le soglie d´un cristiano
tempio, ed ogni ora prossima
é antica. Ogni dubbiezza
si conduce per mano
come una fanciulletta amica.

Lá non é chi si guardi
o stía di sé in ascolto.
Quivi sei alle origini
e decidere é stolto:
ripartirai piú tardi
per assumere un volto

                 Poema del premio Nobel Eugenio Montale dedicado a Portovenere.





Adoro Italia...lo sé, ¡Lo siento! ¡No puedo evitarlo! Es la quinta vez que viajo a este país (y las que me quedan......pues en mi wish list aún pienso en Florencia, Costa Amalfitana, Nápoles, Sorrento, Positano, Capri, Cerdeña, Sicilia.....¡Ya!, ....paro, ...no sigo....) Habrá gente que piense...con la de paisajes y costas que tenemos en nuestro país...y yo les contesto: ¡¡sí!! ..¿¿y??

Viajar no es comparar, ni es cotejar, ni tampoco examinar, constatar, verificar, contraponer o/y confrontar destinos, ambientes, lugares, gastronomía, gentes, culturas...no, no lo es, y al que viaje así.....no seré yo quien lo juzgue desde luego. Se viaja por gusto, por el mero placer de conocer, de salir de lo cotidiano. Se viaja de muchos modos, eso sí es verdad: de crucero, con mochilas, con lujo 5 estrellas, a dedo, con bajo presupuesto, en primera clase,...¡lo importante es salir! En muchas ocasiones ¡qué más da el destino! Alejarse, evadirse, escaparse, averiguar, disfrutar, poner los cinco sentidos y entusiasmarse con el simple hecho de estar en un lugar bien diferente, ese que te haga olvidar el día a día rutinario y te saque de tu zona de confort.

Cinque Terre estaba en mi corazón y en mi cabeza hace años. Desafortunadamente  unas lluvias torrenciales en octubre de 2011 devastaron el paisaje y sepultaron de lodo los cinco preciosos pueblos suspendidos de hermosos acantilados. Debía esperar a que lucieran de nuevo con todo su esplendor para poder visitarlos.

La entrada que me ocupa ahora, Portovenere, no pertenece a ese Parque Nacional llamado Cinque Terre, pero está en la antesala, es, digamos, la puerta de entrada a esas cinco tierras maravillosas.





A Portovenere se llega por carretera, en bus o en barco. Éste último fue mi medio de transporte, y os lo recomiendo.
Se coge el ferry en La Spezia  (una ciudad de casi 100.000 habitantes y de la cual nunca oí hablar) y en media hora llegas. Ya a lo lejos, conforme te vas acercando al destino, vas vislumbrando una amalgama de paredes irisadas, franjas verticales multicolores que te dan la bienvenida
¡¡De  postal, diría yo!!




Portovenere no tiene ni 4.000 habitantes censados, aunque en época estival triplica su población. 
Situada en un extremo del Golfo de La Spezia (Golfo de los Poetas) en la región de Liguria. Para situaros diré que está a caballo entre Pisa y Génova.
Este pueblecito encantador de casitas coloreadas al borde del mar tiene justamente enfrente tres islas: Palmaria, Tino y Tinetto y desde 1997 toda esta zona está incluida en el Patrimonio de la Humanidad de la Unesco

Según fuentes consultadas Portus Veneris data del s. I a. C. Su nombre no se sabe con exactitud de donde procede. Pudiera ser de un antiguo templo dedicado a la diosa Venus localizado en el promontorio donde está la iglesia de San Pedro o también pudiera proceder su nombre del ermitaño San Venerio, nacido en la isla de Palmaria a mitad del s. I d. C. Lo que sí se conoce con certeza fueron sus orígenes: una sencilla comunidad de pescadores.

Portovenere ha sido base de la flota bizantina, destruida por los lombardos en el 643, objetivo constante de las razias sarracenas, fue convertida en feudo antes de pasar a pertenecer a Génova allá por el s. XII. En el s. XV sufre ruinosos bombardeos y posteriormente se duerme en un letargo de siglos hasta que resurge con el tema turístico. 




Sus aguas cristalinas son un reclamo para los turistas, mayoritariamente del país y con alto poder adquisitivo. El ambiente que se respira en esta tranquila ciudad no le resta ni un ápice de tranquilidad.
No tiene playa, ni lo necesita. Cada turista, cual camaleón, elige su piedra, planta la toalla y....hala!....¡a tomar el sol.








A lo largo del verano hay dos sábados (este año el 23 de julio y el 20 de agosto) en los cuales se celebra la Fiesta de la Piscina Naturale. Fortuitamente coincidí este año y de casualidad pues no tenía ni idea. Cierran durante horas el tráfico marítimo para convertir un trozo de mar en una gran piscina natural. Fiesta, música y más música a lo largo del día, enormes altavoces desplegados por todo el paseo marítimo y puerto, gente bailando en el agua, en las rocas....un Dj´s con micrófono en mano animando a una multitud que no paraba de bailar. Calor, agua, música, baile, sol....¿¿alguien se resiste?? Yo no....jeje










Pero en Portovenere no solo llaman poderosamente la atención las fachadas coloreadas e imperfectamente alineadas en la orilla. El promontorio delle Bocche donde está situada la iglesia de San Pedro cobra un enorme protagonismo al destacar su color piedra por encima de todos los tonos y matices de las casas del puerto. Es hermoso el lugar cuando lo avistas desde el barco pero lo es más cuando vas ascendiendo hasta él y descubres todo el mar que se puede divisar cuando has subido.








La iglesia es una capilla diminuta, pequeñita. Suspendida entre el cielo y el mar. Se engalana muy coquetamente para oficiar ceremonias y a veces ceremonias con sorpresa como la del pasado 11 de agosto de 2015 en la que Andrea Bocelli cantó el Ave María de Schubert a unos recién casados que no daban crédito. Horas antes uno de los invitados vio pasear al cantante por la ciudad y se atrevió a pedirle el favor. Bocelli encantado interpretó al piano para todos los presentes. Qué bonito!




La iglesia data del s. V (época paleocristiana) aunque posteriormente ha sido adaptada al estilo toscano (las franjas horizontales de la piedra a dos colores así lo corroboran). Tiene unas espectaculares vistas a los acantilados. Suele ponerse en la entrada un músico con un arpa amenizando la visita. Os puedo asegurar que el lugar tiene un particular encanto. Es de los sitios que te apetece visitar sin prisas, sentarte, observar, mirar al horizonte, escuchar el aire cómo silba allá en lo alto, ver pasar los barcos, mecerse las gaviotas con la brisa, y el arpa, las olas y tú. Nada más.





Por este promontorio pasan todas las embarcaciones camino a las Cinque Terre y a Portofino, Levanto,...







Allí pegada al promontorio está la cueva de Lord Byron, un recoveco, una especie de cala rocosa pequeñita cincelada a golpes de olas del mar. Un anfiteatro natural, un lugar de singular belleza e indescriptibles sensaciones. Indudablemente el espíritu de los escritores románticos como Byron se hace muy presente cuando te detienes y observas. No me extraña que eligiera este pedacito de Liguria para perderse, meditar y atrapar musas.








Ya bajando del promontorio y paseando por el puerto te das cuenta de la actividad principal y cotidiana de este bella localidad. Cantidad de barcas vendiendo lo más fresco del día: el pescado recién capturado. Allí mismo, dando coletazos dentro de las cajas, los pececillos y las barcas son un verdadero señuelo en estos meses de verano.






Tiendas, muchas tiendas. Colores, diseños que recuerdan al mar.




Portovenere es precioso lo mires desde donde lo mires: desde el mar, desde el Castillo de Doria, desde el promontorio....es muy animado, y está muy cuidado.




La Vía Capellini es la arteria principal de esta bella localidad. Es una calle salpicada de aromas y colores que se entremezclan sabiamente. Junto a los restaurantes típicos italianos,  osterías y trattorías, te encuentras todo tipo de productos estratégicamente ubicados al paso del turista para que, como mínimo, consigan llamar tu atención. Tiendas de productos elaborados típicos de la tierra, artesanos, de delicado y refinado gusto: tiendas de pesto, de especias, de embutidos, vinos, encurtidos, pizzas al taglio, focaccias y más pizzas. Y los heladossss...Ainsss!! mi perdición. De lavanda, de crema de Portofino, de miel y pasas, de vino de la Toscana, de tres chocolates, hasta probé el helado de raviolis!!






No puedo recomendar un local para tomar algo porque todos me parecieron divinos, de fiar y de categoría. Todos los locales estaban repletos y exhibían las calidades de su materia prima como lo más importante de sus negocios. Yo recomiendo probar: en uno un vino, en otro una pasta, en otro un helado, en otro un trozo de pizza...en fin...para gustos...






Un consejo: no dejen de degustar el afamado pesto de Portovenere, eso sí que es cosa fina!











Cuando hube saciado mi hambre y curiosidad me quedaba por explorar la parte alta de la ciudad. No era el mejor momento después del festín pero era más que necesario así que empecé a subir cuestas como una loca. Al principio me puse a contar peldaños. Cuando pasé de la centena me aburrí, total...si de todos modos los iba a subir. Arriba me esperaba el Castillo de Doria y unas magníficas vistas.









Al castillo no pude entrar tras la empinada subida, y no me importó porque lo que se divisaba desde tan alto era simplemente sensacional. Se podía apreciar con total claridad el promontorio delle Bocche, la iglesia de San Pedro y la cala de Lord Byron, lienzos de la muralla defensiva de la ciudad y el horizonte. El mundo a mis pies, pensé.




Me llamó muchísimo la atención el cementerio, colgado prácticamente de los acantilados. ¡El lugar es lo más!. No se podía haber elegido mejor ubicación para el eterno descanso. Paz, esa es la palabra que lo describe, paz y silencio. Un verdadero lujo reposar aquí por los siglos de los siglos.....Amén...




Así el gatito que me encontré sobre un nicho estaba tan ricamente dormido, ¡y no me extraña! En ningún otro lugar como éste va a encontrar más tranquilidad que la que este camposanto ofrece.




Ya en la bajada descubres otros rincones y plazas que son un verdadero tesoro. Como la iglesia de San Lorenzo, del s. XII, mandada a construir cuando la localidad entró a formar parte de la República de Génova.




Regresando al puerto encontré un puesto en donde amas de casa vendían productos típicos cocinados con esmero. ¡Imaginé estar en casa! Esas abuelas tan dulces y risueñas ofreciéndote sus mejores elaboraciones, amas de casas levantadas al alba, entre fogones y cacharros desde bien temprano para ofrecer lo mejor de sí al viandante ¡¡No tiene precio!!






En fin...no sé si dispondré de unas cuantas vidas más (como los gatos) o no, pero esto empieza a ser un gran problema para mí. Descubrir lugares con encanto, ciudades increíbles, espacios especialmente singulares, con unas vistas magníficas y no poder regresar.....no puedo. Me voy de aquí colmada de felicidad por haberlos disfrutado y a la vez con el corazón encogido porque sé que no puedo revisitar todo lo hermoso que me voy encontrando.
Me consuela pensar en todo lo maravilloso que hay aún por descubrir. ¿¿A que sí??




Esta entrada se la dedico a mis ángeles de la guarda, aquellas personas que estando tan lejos estuvieron tan cerca de mí en este viaje. Gracias amores.

Etiquetas: , , ,

2 comentarios:

A las 10 de agosto de 2016, 1:19 , Blogger mepm ha dicho...

Y esto es el aperitivo...cuando empieces con las entradas de los pueblos de Cinque Terre, ¿con qué nos vas a sorprender?

 
A las 10 de agosto de 2016, 9:25 , Blogger Mª Inmaculada González Rodríguez ha dicho...

Como bien dices...esto es un "abrir boca"
Ya estoy preparando lo siguiente...esos senderos divinos por los cuales perderse en Cinque Terre...ya verás....

 

Publicar un comentario

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

<< Página principal