lunes, 4 de agosto de 2014

BURANO (Italia)

Acuarelas en la laguna veneciana



Anaranjados, carmines, turquesas, azafranados, cobrizos, escarlatas y bermellones, corintios, granas, púrpuras, esmeraldas, aceitunados, cetrinos, añiles, índigos, cobaltos, aguamarinas, azuletes, malvas, violáceos, magentas....y hasta un sinfín de tonos y matices dominan y adjetivan una hermosa ínsula situada en medio de la serenísima laguna véneta.





Burano, la isla de las acuarelas, en donde los pigmentos se esparcen a merced del oleaje que levantan las barcas cuando entran mansamente a través de los diminutos canales.




Burano, pintada, decorada y coloreada a gusto de cada cual. La razón de ser de su exuberante cromatismo no es ni más ni menos para que los pescadores en días de espesa niebla puedan encontrar con facilidad su casa, gracias al singular y particular colorido de cada vivienda.




El nombre de la isla está algo confuso. Los historiadores creen que su procedencia viene de  La Boreana, un antiguo barrio de la devastada Altín, antigua ciudad romana, o quizás de una de sus puertas, Burián, situada al noroeste de esta ciudad, llamada de este modo porque el viento llamado  bora azotaba a la ciudad por este flanco. En cualquier caso lo que sí está claro es que sus primeros pobladores vinieron del norte de Italia huyendo despavoridos de las invasiones bárbaras.




Los primeros asentamientos fueron muy pero que muy primarios: sobre palafitos, con muros de cañas. Las primeras casas que se construyen en Burián datan del año 1000 aproximadamente.




Esta isla fue autónoma e independiente, teniendo ayuntamiento propio, hasta 1923, año en que pasó a pertenecer al distrito de Venecia





A pesar de sus 14 millones de turistas al año, en Burano reina una calma y una tranquilidad absolutas. No es muy extensa, se puede pasear muy bien y recorrerla en una mañana. La componen 5 islas troceadas por cuatro canales que la dividen en cinco barrios, a cual más colorido.



En Burano incluso la ropa tendida al sol le da un plus de vivacidad. En patios, calles y plazas, los tejidos soleados ondean al viento y se mecen con el aire a modo de enseña, de banderola de bienvenida. El conjunto de fachadas y coladas soleando da como resultado una excelente composición cromática digna del mejor acuarelista.







La única iglesia que hay, la de San Martino, situada en la plaza, tiene un campanario (campanile), que al igual que la mayoría de los de la zona está inclinado debido al asentamiento sobre cimientos de gran inestabilidad, los palafitos. Los palafitos son estacas o pilares que sirven para sustentar las casas construídas sobre aguas tranquilas, una laguna, en este caso. Se han encontrado restos de palafitos en Europa que datan del Neolítico...Aquí en la zona de Venecia y con el fenómeno de subida y bajada del nivel de la laguna (Acqua Alta) el sistema de palafitos fue imprescindible y necesario en sus orígenes. En la actualidad tienen un problema: el terreno está cediendo, lógicamente, debido al peso y al paso de los años, y la solución que se ha dado, en alguna ocasión, es desmochar las torres...curioso y penoso!









Hasta que no llegué a este rinconcito de Italia yo tan solo conocía la famosa torre de Pisa, famosa, claro está, por su desvío acusado con respecto a la vertical. Pero me sorprendió ver que por estos lares....no hay ni una sola torre derecha!! Ya os comentaré más adelante sobre las torres de Bolonia...




A Burano se llega desde Fondamenta Nova, en Venecia, un muelle desde donde se cogen los "vaporettos" para visitar las islas. No más de 40 minutos se tarda en llegar, hace antes alguna parada. Es un trayecto de 7 km y se aprovecha muy bien para observar que toda la laguna está salpicada de islas y además conforme te alejas del muelle la perspectiva de Venecia se va ampliando.




Coocidos son los encajes de Burano. En el s. XVI eran los mejores de toda Europa y la isla era afamada y reconocida por ello. Hoy se puede ver que sus calles están sembradas de puestos de venta de encajes y en algún rinconcito escondido te puedes encontrar a alguna señora tejiendo su encaje en la puerta de su casa.
Existe en la isla el Museo del Encaje (Museo del Merletto), muy visitado y apreciado. Está situado en la antigua Escuela del Encaje, en la plaza de la iglesia, donde desemboca la calle principal y comercial: vía Baldassare Galuppi.




Yo recomiendo, sin dudarlo, Burano a todo aquel que quiera huir del enjambre bullicioso que supone la divina Venecia. Que coja un barquito y se acerque a esta ísola de paz y color, invito a que pasee con calma y curiosidad por sus calles, que hable con los lugareños, que se tome un capuccino a gusto observando el caminar de los paseantes, que fotografíe la vida y el color de sus calles, que sueñe con pasar en una de estas casas una larga estancia para poder pintar, leer, escribir, amar....




Lo mejor de este viaje a Burano fue poder hacer realidad otro sueño que tenía aparcado y que se ha hecho posible porque las cosas que no se planean son las que mejor salen...y se saborean con gusto una vez llegas a casa. Es como un buen vino que te queda ese regusto en el paladar, así me siento yo con esta isla, extasiada y embriagada con todo el encanto que desplegó para mí el día que la visité.




Esta entrada se la dedico a Raquel, una más que paciente compañera de viaje y que ha tenido que soportar y esperar los miles de momentos de paradas para hacer fotografías....jeje...soy incorregible!! Lo sé!!




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